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Programa de Lectura e Investigación "Psicoanálisis en la Cultura"

 

Coordinador: César Mazza.

Programa Auspiciado por la Biblioteca Córdoba. (Dirección de Letras y Bibliotecas de la Secretaría de Cultura. Pcia.Cba.) y la Fundación Descartes de Buenos Aires.

 

www.sinthomaycultura.com 

 


Entrevista a César Mazza - Agencia Télam

“Apuesto a reinstalar la lectura en el corazón de la práctica analítica”

Link Agencia Télam

 

En La lectura y sus dobles, el psicoanalista César Mazza apuesta a una escritura trufada de referencias culturales que incomodan a una lectura desde el sentido común poniendo en valor una intertextualidad capaz de provocar la contingencia de una nueva lectura y un nuevo texto. 

 

El libro, publicado por las ediciones El Espejo, en Córdoba, está en las vías abiertas en su momento por la revista Escrita, de la que acaba de publicarse una edición facsimilar.  

Mazza es profesor en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), codirector de la revista Exordio, miembro de la Escuela de Orientación Lacaniana (EOL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP).  

Esta es la conversación que sostuvo con Télam.

T : ¿Por qué La lectura y sus dobles? El psicoanálisis ¿es una experiencia de lectura?

M : La lectura y sus dobles apuesta a reinstalar el tema de la lectura en el corazón de la práctica analítica. La lectura es una de las operaciones del análisis que se puede ubicar en dos puntas: tanto en el lazo específico entre analizante y analista con la interpretación, como así también en la lectura de los textos fundamentales. Estas dos puntas requieren de un trenzado que cada lector irá haciendo sin implicar que una tenga mayor jerarquía sobre la otra. La interpretación, por ejemplo, toma la palabra del analizante en su valor de texto cifrado, de codicilo, dirá Lacan (una marca cuyo contenido es ignorado por el sujeto) para localizar los significantes amo y en consecuencia desprenderlos de su goce-sentido. A su vez, en la lectura de los textos exploramos distintas operaciones que se empalman y redoblan la primera acepción, por ejemplo la alienación activa. ¿Cuando el lector está en condiciones de dejarse incautar o sorprender por un texto? Sólo cuando un sujeto puede hacer un paréntesis, al uso de rutina, el texto tendrá el valor de sujeto supuesto saber. Es decir, cuando no se le antepongan las significaciones ya establecidas propias de la pertenencia a un campo disciplinar. En ese sentido, el lector analítico siempre comienza casi de cero y es un recienvenido. El problema surge de entrada cuando predomina la posición del lector que se las sabe todas, cuando se ubica en el lugar de crítico potencial. En este punto se comprueba una vez más lo que Borges escribe sobre la supersticiosa ética del lector en la literatura: cada vez hay menos lectores en el sentido inocente del término, cada uno se va convirtiendo, por la imposición de las etiquetas indiscutidas (de la moda o de la Koiné) en opinólogo, al estilo de los que se reproducen en los mass media. La no entrada al texto, en este caso al discurso de la enseñanza de Lacan, es sencillamente una alienación donde no se deja de estar apegado al narcisismo de las pequeñas diferencias. Posición subjetiva en la que se efectúa un salteo anticipado, una desuposición anticipada del saber. Se tratará, según la exquisita fórmula de Macedonio Fernández, de un mutismo pasivo: un no leer por sí solo. Porque el verdadero modo de no leer y vengarse de haber leído tanto es escribiendo...  

Varias figuras se exploran en el libro: la del comentador viviente según Eric Laurent; el d’escolar de Germán García; la del recienvenido que se tensiona con el precoz (dos figuras que extrapolamos de Macedonio Fernández) etcétera.  

T : ¿Existe un desdoblamiento retroactivo cuando uno vuelve sobre lo que escribió? Si es así, ¿cuál es la lógica que opera?

M : Sí, hay un desdoblamiento respecto de lo que ya se dejó en el trazo escrito y en la envoltura denominada libro. Tal vez el libro, una vez que queda olvidado, fundamentalmente por uno mismo, comienza a volverse éxtimo a la vanidad del autor. Momento fecundo porque la lectura retroactiva no deja de tener un efecto de novedad. Lleva tiempo aprender y encontrarle un valor de uso a lo que se captó en su momento. A su vez, no dejo de subrayar los procedimientos que anoté en La lectura…: el de Borges en Kafka y sus precursores, lo encontramos en Oscar Masotta, Jacques-Alain Miller y Germán García, por ejemplo. El lector, en el sentido fuerte del término, es aquél que crea a sus precursores. Así en ese movimiento un Lacan trazó las coordenadas de su lectura de Freud donde el retorno a Freud emplazó en París y en la lengua francesa el nuevo centro del psicoanálisis. Es decir, que inventó un nuevo lugar para el psicoanálisis, en otra lengua y en otro contexto. Miller sugiere que su lectura, en ocasión de editar Autres Écrits (2001), guarda una afinidad con el célebre copista Pierre Menard. Entonces, la repetición de escribir El Quijote, llevada a cabo por Pierre Menard, en un francés de comienzos del siglo XX, es una innovación, no se trata de un reflejo mimético sino que esa repetición produce un significante nuevo. A su vez, me gusta ensayar esas conexiones: encuentro en Oscar Masotta una versión de esta misma operación en la fórmula: allí donde repito, traiciono y allí donde quiero transformar no hago más que repetir. Creo que es la lectura inaugural de Lacan en lengua castellana, un capítulo del libro está dedicado a recorrer este movimiento. El tema del original y la copia, de la mimesis identificatoria versus la apropiación de un discurso. En la apropiación pasaríamos de comprar en una cultura central -¡como si tan sólo se tratara de un saber precocido!- a una vital innovación utilizando los recursos que se puedan extraer de nuestra lengua. A posteriori del libro me aboqué a otras experiencias de publicación: una página web (sinthomaycultura.com), la revista Exordio. El psicoanálisis en la cultura y la edición facsimilar de la revista escrita. En una cultura de importación como la nuestra -donde fácilmente se cae en ser presa de operaciones de prestigio- apuesto, con estas iniciativas, a crear un archivo. Según Boris Groys, un archivo funciona como contexto específico de comparación, entonces: ¿cómo dilucidar qué es lo nuevo sino contamos con esta referencia, los recursos naturales de una cultura? Un archivo donde se delinea el emplazamiento del psicoanálisis en la trama de nuestra cultura, tal vez pueda despertar más de una resonancia.  

T : ¿Qué tiene que ver todo esto con una cura?

M : El juego propuesto consiste en seguir determinados momentos claves de un análisis considerando el pasaje de la lectura a la letra, como resto fecundo. Así, al comienzo, una vez que se instala la sofistica del sujeto supuesto saber, el analizante puede contarse historias de hirco siervos: por ejemplo, los dichos escuchados en su familia funcionan como oráculos, una discordia entre los padres tomará para el sujeto, que la padece como espectador, un aire de baja comedia o de tragedia. La angustia marcará el desasimiento de estas historias, momento crucial porque ya no hay guión del cual uno se sostenga. Entonces, puede ocurrir que se tome distancia del texto y el lector se ubique en la falta de texto. Recién ahora el deseo nacerá del derrumbe, tal como Roberto Jacoby tituló una exposición en su Retrospectiva en el Museo Reina Sofía (2011). Condiciones propicias para que el sujeto se fabrique un nuevo modo de vivir la pulsión con los restos de su historia, con lo que queda del héroe que imaginó ser en la gran hazaña. Hecho y desecho de vez en vez el modo de vivir la pulsión, al estilo de un bricolage, funcionará como sinthoma que ya no servirá a ningún aparato del destino ni del goce mortificante.  

T : ¿Cómo diferenciar la cura analítica de otras terapéuticas?

M : La experiencia analítica no se sostiene en ningún metalenguaje. De esta manera, un análisis no va detrás de algún sentido, llámese la realidad, el éxito, la curación, la felicidad, la normalidad. Al revés, lo desarma encontrándole una operatoria a ese afecto que no miente, la angustia. Por ejemplo, podemos considerar que en el acto de la interpretación se va desarmando el goce fijado en el sentido. La orientación se efectúa por lo real, que es un au-sentido (ausencia-sentido: condensación del francés entre absence y sens). Lacan realiza, en un contundente golpe poético, una torsión de la lengua con este neologismo conceptual para agujerear y vaciar la pareja sentido-sinsentido. Entonces ni sentido ni sinsentido sino ausentido. Este ausentido marcará el trayecto -sin ninguna meta- de lo singular en cada paciente que se decida a hacer la experiencia del análisis. ¿Cómo se podrá traducir ese singular en un lazo? Es una de las claves de la pragmática analítica.  

Una vez más recurrimos a Macedonio para decir que las terapias, como el realismo en el arte, pertenecen al género del arte culinario: el arte de alimentar al otro... con sentido. El análisis se puede ubicar del lado de un arte sin copias de la realidad, tratará con los trozos de real.  

T : ¿Cuál es el punto de real susceptible de ser mordido que indica que ese, cualquier analizante, está en posición de analista?

M : Podemos ubicar en el comienzo de un análisis lo real en el síntoma puesto en cruz, dirá Lacan, para impedir que las cosas marchen. Se trata de un real clasificado. En esas condiciones el síntoma es padecido como un goce ruin, sólo capaz de mortificar y hasta de sumergir al sujeto, según una frase de Lacan en su Tesis, en la amargura que se experimenta a causa de la propia inutilidad. El análisis dará la posibilidad de descifrarlo, de desclasificarlo, hasta el límite de lo no interpretable. Tal vez, el genio del dispositivo le dará ocasión a alguien (se dedique o no a atender pacientes) a inventarse un valor de uso. Entonces, aquello que fue segregado en el síntoma como inútil encontrará una forma, una instalación en tanto valor de uso. Por supuesto que esta reubicación implicará un nuevo estado civil fabricado con lo inclasificable, con lo singular del síntoma. A su vez, en cuanto al valor de uso, un objeto o un hacer pueden ser útiles sin que necesariamente se constituyan en mercancías. Es decir, que el valor de uso siempre es en singular: no se cambia un traje por otro ni un valor de uso por otro idéntico, dirá Marx.  

T : Para El imperio de las imágenes, ¿qué preparás, y qué prepara Exordio?

M : La revista Exordio pertenece al Programa de Lectura e Investigación Psicoanálisis en la cultura del CIEC. Dentro de la nutrida agenda de la AMP participaremos primero en el XI Seminario Internacional del CIEC, Cómo vivimos hoy, con Fabián Fajnwaks, analista de la Escuela de la Causa Freudiana de París como invitado. En este seminario presentaremos un trabajo respecto del problema de las clasificaciones diagnósticas en el mercado de la salud.  

El próximo VII ENAPOL nos provocó a trabajar la cuestión de la imagen y la letra. Venimos desplegando tres líneas de investigación. Una ligada a lo visual en el ultimísimo Lacan que pretendemos articular, según las referencias de Miller, con el dossier Escritores/Pintores de la revista escrita (Edición facsimilar, T2 Ed. EDUVIM, Córdoba 2013). A partir de tres formas (el caligrama, el emblema y la miniatura) donde se plantea el intrincado tema de la letra y la imagen. Esta línea de trabajo nos permite, por ejemplo, ubicar el nudo borromeo como un emblema de Lacan.  

La segunda línea de trabajo viene desde el año pasado, desde el coloquio La importancia de Aby Warburg para el psicoanálisis, con las intervenciones de Germán García y de los investigadores universitarios Aaron Saal y Luís García. Por último, venimos tras las pistas de algunos performers. Consideramos el caso de la performance 58 indicios sobre el cuerpo, realizada en Buenos Aires, por el artista experimental Emilio García Wehbi. Comprobamos cómo desde el arte se pone en acto la afirmación de Lacan: se tratará de extinguir la noción de lo bello para ubicar otro tipo de resonancia.  

En la performance, exponen cien cuerpos desnudos que no se amoldan ni se someten a ninguna forma o estética prefigurada, se ensaya con la posibilidad de sustraerse a los imperativos de la moda y de la moral que predican sobre cual sería la forma aceptable o bella de un cuerpo. Instalar cien cuerpos sin domesticar juega con la chance de que la imagen toque la singularidad al escaparse del acoplamiento masivo-individual. Que los cuerpos no se reduzcan a una mercancía golpea, puntual y evanescente, a nuestra rutina perceptiva, para mostrarnos que un cuerpo es algo no hecho y que se puede ir haciendo en cada ocasión. Estas acciones disolventes de algunos artistas tal vez puedan arrojar alguna luz de lo que sería un corte quirúrgico en la experiencia.

 

César Mazza: 1- ¿Frente a la facticidad real del “campo de concentración”, en qué se diferencia la posición de Lacan respecto del humanismo y de los fascinados por el horror?

Miquel Bassols: La expresión de Jacques Lacan que usted evoca, esa “facticidad real, demasiado real, suficientemente real … [del] campo de concentración”, sigue resonando en mí cada vez que veo los fenómenos de segregación a los que estamos abocados, de manera más manifiesta si cabe que en 1967, cuando él hizo esta observación. Parecía entonces, siguiendo los ideales tanto progresistas como liberales de toda una generación, que el mundo estaba un poco más a salvo de los horrores de la segregación. No es así. A la caducidad del orden de lo simbólico que hemos estudiado en el pasado Congreso de la AMP, realizado en Buenos Aires, caducidad correlativa al declive de las formas patriarcales de la autoridad, responde hoy la facticidad de lo real, —eso quiere decir, lo real que retorna como idéntico a sí mismo, sin caducidad posible—, tema que estudiaremos en el próximo Congreso de 2014 en París, con el lema siguiente: “Un gran desorden de lo real en el siglo XXI”.

Los fenómenos de segregación se están globalizando de tal manera que los ideales humanistas clásicos muestran más que nunca su inconsistencia, incluso su inesperada connivencia con las nuevas formas de segregación. Paradójicamente, hoy estos fenómenos se producen en nombre de los semblantes del humanismo, de la razón humana como valor supremo, de los valores culturales más altos, de la propia ciencia, así como en nombre de las bondades de las leyes del mercado —el comercio no es pecado, la riqueza es señal de que Dios bendice al trabajador, proclamaba el humanismo naciente—. Hoy mismo leo en primera página del periódico la afirmación atribuida a un ministro europeo: la propia unidad de Europa podría estar amenazada “por el exceso de solidaridad”. El mensaje no se refiere de manera explícita sólo a ciertos países sino a todo un sector de la población cada vez más sometido a la exclusión social. ¿Cómo entender que sea precisamente en Europa, cuna del humanismo y de la ciencia moderna, donde esta perspectiva esté ocupando el horizonte de la acción social y política siguiendo su ortodoxia? Hay aquí un punto de imposibilidad que, tanto el humanismo como lo que usted evoca bajo la figura de la fascinación del horror, obliteran necesariamente. Creer que los semblantes promovidos por la nueva alianza del discurso capitalista con la ciencia pueden borrar, liquidar este punto de imposibilidad conduce a un impasse cada vez mayor.

Ante estos fenómenos, la posición de Lacan fue elaborar la categoría de lo real no sólo como irreductible a la acción de lo simbólico sino como brújula para la acción política, en el sentido más fuerte del término. Lo real hace presente un punto de imposibilidad que no cesa de no escribirse y que muestra lo irreductible del inconsciente, como una saber que no sabe a sí mismo, y del goce, como una satisfacción que fascina y que promueve a la vez la intolerancia del otro.

En este punto, me permito citar una observación de Jacques-Alain Miller cuando estudió en su curso los efectos sobre el sujeto de esta nueva época: “El uso de los semblantes es vano, inoperante, hasta profundamente nocivo si se omite lo real en juego” (en El Otro que no existe y sus comités de ética, Paidós, Buenos Aires, pág. 13.) Todo el problema está ahí: cómo hacer un uso de los nuevos semblantes de esta época sin omitir lo real que ellos mismos ponen en juego sin saberlo. Creo que la posición introducida por Lacan de manera decidida se fundó en este punto.

2- Usted plantea que existe un empuje a hacerse excluir, algo que podría llamarse el goce de la autosegregación. ¿Habría un tratamiento posible a este goce desde el dispositivo analítico, desde la comunidad analítica?

El problema del goce, tal como lo evocaba en la anterior respuesta, puede entenderse precisamente como una suerte de “autosegregación”, una forma de no querer saber nada del propio inconsciente y de gozar a la vez de ese no querer saber nada. Es lo que encontramos en muchos fenómenos de la actualidad: desde las nuevas formas de adicción, en las que el sujeto se autosegrega del Otro y del vínculo social, hasta otras formas de goce sintomáticas en las que el propio sujeto segrega, por decirlo así, una parte de sí mismo. La satisfacción pulsional incluida en estas formas de autosegregación explica el fracaso de las mejores intenciones de las terapias o políticas de integración a cualquier precio, pensadas según el modo: hay una buena forma de gozar que el otro puede proponer, incluso imponer si el sujeto no se aviene a ello. El psicoanálisis parte de una perspectiva distinta —no hay una buena forma de gozar del Otro, en los dos sentidos: una buena forma de satisfacerse del Otro o una buena forma de satisfacción que el Otropueda proponerme. Por el contrario, hay un saber rechazado por el sujeto en cada una de estas formas de autosegregación del goce, aunque sea la más extraña aparentemente, y es un saber que puede descifrarse para modificar esa posición ante la autosegregación estructural del goce. Tratar lo singular del goce del síntoma a partir de esta premisa es el principio del tratamiento analítico. Y también es la premisa de lo que hace posible esa “comunidad analítica” que se funda, precisamente, en lo que no hace comunidad posible del goce.

3- Tal como fue planteado por Jacques Lacan, existe el horror de saber, un horror de cada uno separado del horror de los demás. Entonces ¿cómo no banalizar las ideas en la transmisión y la enseñanza del psicoanálisis, para que siga existiendo, teniendo un lugar en el mercado?

Precisamente, partiendo de la idea de que no hay un deseo de saber dado de entrada sino más bien un horror al saber. Banalizamos en la misma medida en que damos algo por supuesto y creemos entonces comprender, siempre demasiado rápido. Es por ello que siempre hay cierta dosis de incomprensión cuando transmitimos algo del saber del psicoanálisis, y es por eso también que el psicoanálisis generó desde un principio cierto rechazo, tanto en el ámbito de la ciencia como en el medio social. Freud lo tuvo en cuenta a su manera, poniendo el acento en esa resistencia que encontraba en el propio medio, inventándose a veces un interlocutor escéptico ante sus ideas, más bien resistente. Lacan no cedió un palmo en este punto, sin esperar nada de la falsa compresión, poniendo de hecho el acento en que la resistencia es aquí siempre la del propio analista. Y es un hecho que eso sigue haciendo mucho más difícil la banalización de su enseñanza. Aun así, el psicoanalista no está nunca a salvo de la impostura que supone hacerse depositario del supuesto saber, sobre el inconsciente y sobre el goce. Le conviene entonces ponerse a prueba una y otra vez en la transmisión de lo que el psicoanálisis le enseña, también sin concesiones, y si es ante un interlocutor escéptico, mucho mejor.

4- Ud. señala que la inscripción de Oscar Masotta es un punto de origen del psicoanálisis en España. ¿Cómo pensar esa operación de inscripción? ¿Qué pasajes fueron necesarios entre el Atlántico y los Pirineos? ¿Se trata de internacionalidad o de extimidad?

De hecho, ha sido el propio Jacques-Alain Miller quien ha señalado en distintos momentos el lugar que ocupó Oscar Masotta como “punto cero” del psicoanálisis lacaniano en castellano, tanto en Argentina como en España y en otros lugares. Ese lugar siempre se obtiene de manera retroactiva, a partir de alguien que permite leerlo como tal. Mi colega Germán García ha estudiado muy bien esa operación en distintos momentos de la historia del psicoanálisis en castellano y a propósito de Oscar Masotta en especial, ya que ha sido parte implicada en ello. No hace mucho, el Institut Ramon Llull, institución señera de la vida cultural catalana, se puso en contacto conmigo mostrando su interés por la figura de Oscar Masotta y lo que ésta supuso en la Barcelona de finales de los años setenta. No es fácil explicar por qué la enseñanza de Lacan tuvo que esperar a cruzar el Atlántico desde Argentina para ir más allá de los Pirineos y llegar a España. También hay que explicar por qué tuvo que atravesar esos Pirineos con el Campo Freudiano para llevar a término las consecuencias que habían quedado en suspenso en ese cruce. Todo ello no puede entenderse sin la condición del deseo singular de los que han sostenido y sostienen la enseñanza del psicoanálisis lacaniano en diversas lenguas y lugares. Por mi parte, siempre pienso que esa enseñanza tiene necesariamente un lugar intersticial entre los discursos y las instituciones de cada lugar, un lugar “éxtimo”, es cierto. Con todo, hay que ir con cuidado, como decía el propio Oscar Masotta en diversas ocasiones, uno siempre se ve progresando en el sentido de la historia y ese sentido es necesariamente engañoso cuando se trata de explicar la causa del discurso en el que uno está embarcado.

5- Se publicó este año, en Español, “Otros Escritos”. Jacques-Alain Miller dedica esta recopilación a un nuevo lector que tendrá que vérselas con “Otras inquisiciones” en la cultura: las TCC, la ideología del neohigienismo, la evaluación. Teniendo en cuenta el aspecto de “ilegibilidad” necesaria de los Escritos, vale decir: es necesario que el lector ponga su parte, no se puede captar su virulencia, su novedad desde un lugar preconcebido. ¿Cómo estar a la altura de esta renovada apuesta?

La “ilegibilidad” del texto de Jacques Lacan tiene una fuerza semejante a la de los jeroglíficos de la piedra Rosetta, enterrados durante siglos bajo la arena y esperando pacientemente a cada uno de sus descifradores. A la vez, es como la famosa carta robada del cuento de Poe leído por Lacan, esa carta-letra que está a la vista de todos pero que sólo se dirige a cada uno de ellos en la medida que se sienten ya concernidos por ella. Imposible que esa letra le diga algo a alguien sin que éste le suponga al menos ya un saber sobre lo más ignorado de si mismo. Esa es una de las fuerzas gravitatorias del texto de Lacan que atrae a tantos lectores pero que también los repele a veces con la sensación de una incomprensión decepcionante. En este sentido, el texto de Lacan me parece tan generoso como expeditivo: cada uno saca de él según lo que está dispuesto a poner en

el trabajo de su desciframiento, siempre mucho más de lo que esperaba si no ceja en el intento, pero a la vez no le permitirá usarlo para traicionar su sentido sin pagar un alto precio, generalmente el de creer asimilado o ya superado ese sentido. Los “Otros escritos” son paradigmáticos de esta fuerza “agalmática” y nos darán trabajo para tiempo. Aunque, por lo que he dicho, está claro que cada uno demuestra finalmente la altura de su apuesta en el modo que tenga de leerlos, o de no leerlos.

6- La traducción refiere en forma directa a la extranjeridad de una lengua, al encuentro con el propio exilio. Hallamos un trabajo suyo sobre Ramón Llull (catalán) escrito en francés, también ubicamos un poema traducido por Ud. de J.V. Foix, en la revista “Escrita” publicada en 1983 en nuestra ciudad de Córdoba. Le recuerdo unos versos:

“Todas las rejas tienen su trampa

Y tememos que su sombra nos haga prisioneros.

Cada escalón nos acerca al Libro del Exilio

y con mirada vellosa vemos lo ofrecido. N

o hay caza para quien no va alerta;

¡ni el nuevo ardiente, o el adverso!, para los locos del pasado.

No es libre ni franco quien no se olvida

o se mira en el agua, con clac y faldones largos.

No son los unicolores los esquemas del atlas:

el griego tiene su turco y el polonés, el ruso”

(De Todos estaremos en el puerto con la desconocida, J.V. Foix)

Un filósofo Cordobés, poeta y también traductor, Oscar del Barco afirma que “a la poesía no se la interpreta (no se la podría comprender), se accede a ella para salir de la comprensión” ¿Qué puede decir de esta experiencia como traductor de poesía? El lector-traductor de poesía ¿renovaría la apuesta, movería lo “mental” de cierta rutina del practicante (joven o viejo) poco dúctil de dejarse sorprender por lo real?

Casi me sonroja leer ahora esa traducción, no por lo más o menos desacertada que es con respecto al poema original de J. V. Foix —lo es en algún momento—, sino por haberme atrevido precisamente a traducirlo. Lo hice con un gran aprecio por los colegas que editaban la revista. Siguiendo lo que usted cita tan acertadamente de Oscar del Barco: a la poesía no se la traduce, en todo caso se la recrea para salir también de la comprensión en la que pensábamos haber concluido. Con todo, esos versos dicen muy bien la extrañeza del sentido cuando nos damos cuenta de lo imposible de comprender entre las lenguas y los discursos, de aquello que escapa a su sentido y rompe finalmente la unidad homogénea cuando nos miramos en el agua de nuestras identificaciones más asentadas. Un poema certero siempre viene a decirnos que nunca somos idénticos a nosotros mismos y que en realidad la lengua, lalengua tal como Lacan la escribía en una sola palabra, es una traducción permanente de lo que no se deja decir en cada palabra, de aquello que es lo más singular e intransferible de la experiencia de sentido de cada sujeto. En este sentido, valga la redundancia, toda traducción es necesariamente interpretación, transcripción incluso de un original que no existe, que siempre estará perdido.


 

 

 

 

 

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