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Comienza: Viernes 11 de agosto 14 hs.


Clase a cargo de Jorge Castillo y Natalia Andreíni.

 

Frecuencia: 2º y 4º viernes del mes, de 14 a 1530 hs.

Lugar: Auditorio del Ciec. 27 de Abril 929 4to B.

Informes e inscripciones: Secretaría del Ciec. 0351 4253159. Mariano Moreno 36.

Facebook: TyA Córdoba​

https://www.facebook.com/tyacba/



La Pasión del toxicómano y la ética del psicoanalista

Jacques Lacan, en la entrevista conocida como “Televisión” de 1973, incluye a la manía entre las pasiones del alma como la contracara mortífera de la tristeza. Ambas afectos/efectos de lo real que invade al cuerpo. Ambas también, signos del goce de la época.


La civilización actual parece el terreno más fértil para el florecimiento de la pasión toxicómana. ¿O es acaso que la pasión toxicómana, liberada del padre, es lo que ha llevado a la civilización a su estado actual?

Sabemos que el discurso capitalista nos quiere a todos toxicómanos pues es de esa pasión que se alimenta: la pasión por un objeto sin peso que no extrae el goce del cuerpo, que no puede hacer su borde ni le sirve como límite.

Aunque la “moral civilizada” a la que Freud hacía referencia no resulte ya operativa, como señala Miller en “Una fantasía”: “Tenemos aun la significación de esa moral”, en la medida en que experimentamos una sensación de inmoralidad generalizada. La toxicomanía, como fenómeno clínico y social, remite a esta sensación y despierta consecuentemente reacciones moralizantes en políticas públicas y aparatos punitivos-terapéuticos que la seudociencia se encarga de maridar. La ética del bien no hace allí más que reforzar el superyó, haciendo trabajar los ideales a favor  del sacrificio, pues hacen del sujeto un objeto de desecho.


 El psicoanálisis inscribe su ética en este campo –clínico y político- como aquella que es la del “bien decir”. Una ética que restituye a la palabra su dignidad. No en la vía del padre y sus Ideales sino en la del valor de goce que hablar tiene para el ser humano. La pasión a la que se liga es la de la alegría que se asocia al saber, pero un saber que no muerde en el sentido.


Así, el psicoanalista ejerce su práctica –en la soledad del consultorio o en el “entre varios” de la institución-orientado por esta ética que objeta la pasión toxicómana apelando a la singularidad del síntoma.


¡Los esperamos!

 


 

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