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Transcurrimos una época en la que el cuerpo ocupa en ocasiones una importancia y lugar privilegiados. El empuje a la salud que conduce a la realización de actividades físicas inauditas, a cuestiones alimentarias en las que la variabilidad de alimentos permitidos y prohibidos cambia minuto a minuto; el empuje a la belleza y sus consecuentes prácticas: cirugías, tratamientos hormonales e intervenciones tecnológicas de todo tipo. El empuje al placer: modos hedonistas que en distintas aristas de la “res extensa” orientan hacia la obtención del placer máximo: en el terreno de lo sexual, abundan las explicaciones, cursos y talleres sobre el modo de alcanzar el máximo punto de clímax. Empuje que conduce a la elaboración de una serie de “tips” sobre cómo estar a gusto con el cuerpo todo el tiempo.

Lo que se pone de relieve entonces es que el cuerpo puede funcionar como una garantía de felicidad. Ya no se trata de mente sana in corpore sano, sino que con el corpore sano todo lo demás está garantizado.

"Hoy lo que tenemos en común no es el lazo social ni el lazo político ni el religioso, sino nuestro cuerpo, nuestra biología. Hemos transformado el cuerpo humano en un nuevo dios: el cuerpo como última esperanza de definir el bien común”(1), señala Eric Laurent. También nos advierte que ese es el prototipo de las falsas creencias.

Lo que se pone de manifiesto entonces, es un cuerpo máquina apuntando a su funcionamiento óptimo, a su rendimiento. Y/o también un cuerpo cáscara: un cuerpo sólo como envoltorio, superficie susceptible de modificarse como fachada.

¿Pero con qué estatuto del cuerpo nos encontramos cuando hablamos de esto? En primer lugar, podemos corroborar en la clínica, con muchos pacientes que llegan a consultarnos, que no hay registro alguno del cuerpo. No hay angustia legible por el sujeto ni manifestación de otros afectos, esos humores hipocráticos que de inicio se ubicaban como del cuerpo.

En otras ocasiones, hallamos cuerpos padecientes, doloridos, con irrupciones que se expresan en enfermedades diversas, pero en los que el sujeto no puede realizar ninguna relación con lo que en su vida acontece, en los que no aparece ninguna subjetivación.

También nos encontramos con sujetos que llegan con sus cuerpos intervenidos: cortes para morigerar la angustia, cortes quirúrgicos, gástricos, reasignación de sexo, tratamientos hormonales extremos, o tatuados, perforados; sin un sentido sobre esos actos.

Constatamos entonces, por la lectura de estas prácticas que hay algo que escapa de control a nivel del cuerpo, algo inmanejable en lo subjetivo que insiste como motivo de consulta al psicoanalista sin que el sujeto sepa muy bien de que se trata.

Es del orden del acto, del empuje, de la búsqueda de un bienestar que al no pasar por la palabra no encuentra lugar pasible de alojarse.

El imposible de gozar del cuerpo como totalidad pone de manifiesto su carácter fragmentario.

Frente a estos ejemplos y muchos otros nos preguntamos ¿Y el cuerpo?

Desde el psicoanálisis y con Lacan sabemos que el cuerpo no va de suyo, tenerlo es una construcción, nada adquirido de entrada y siempre bajo la amenaza de perderlo”(2).

La clínica nos demuestra cuán habituales son esas manifestaciones de algo que se presenta en disyunción, en discordia, entre el sujeto y su cuerpo que huye.

Así, tener un cuerpo, en el sentido del psicoanálisis, es experimentar el goce que se inscribe en una superficie, pero que no tiene correlato subjetivo(3).

Es ese correlato el que acompañamos a inventar cuando el sujeto viene a vernos.

¿Cómo? ¿De qué manera? ¿Que posibilita la práctica del psicoanálisis respecto de ese anudamiento entre el sujeto y su cuerpo?

Si la única relación al cuerpo es la adoración, según lo que Lacan nos ha enseñado, es porque ese acto da la ilusión de la única consistencia de la que es posible sostenerse.

Pero allí no acaba todo, el punto que nos interesa situar es el que se pone de relieve en el último tramo de la enseñanza de Jacques Lacan elucidado por Miller: el impacto del decir en el cuerpo. Impacto que produce un agujero, lugar de la irrupción de un goce imposible de negativizar que va más allá de cualquier adoración, de cualquier imagen que venga a velarlo, aunque no es sin eso.

Así delineamos el acontecimiento del cuerpo, esa emergencia a la que apuntamos cada vez que escuchamos al sujeto, es lo buscamos. Los ecos y las resonancias de ese decir permitirán localizarlo. ¿Para qué? ¿Qué aportaría ese dato?

Quizás “habría que reescribir la clínica clásica a partir de que pueda decirnos como el troumatisme pasa al signo y no solamente que nos interese por la descripción que hace de la envoltura formal del síntoma. Sería un modo de lectura al revés de los textos clásicos, otra faceta del troumatisme más interesante que la perspectiva habitual de falta de afecto o desconexión del afecto”(4).

Tendremos la ocasión de conversar sobre estos temas. Nuestras Jornadas serán el marco propicio para poder avanzar en algunos puntos que, aunque parezcan sabidos, estamos aun atravesando su esclarecimiento. Nada mejor que una comunidad en acción para pescar algo.

¡Los esperamos!


1 Eric Laurent. "Hemos transformado el cuerpo humano en un nuevo dios"http://www.lanacion.com.ar/1028654-hemos-transformado-el-cuerpo-humano-en-un-nuevo-dios
2 Graciela Brodsky. “Mi cuerpo y yo”. Conferencia pública pronunciada en el Claustro de Sor Juana, México DF, 20 de febrero de 2015.
3 Laurent, Eric. ‘’El Reverso de la Biopolitica’’, pag 19
 4 Eric Laurent. ‘’III Coloquio de la Orientación Lacaniana” En referencia al libro Sutilezas Analiticas’’, EOL-Grama, Buenos Aires, 2013, Pag.41.


 

Responsables: Roxana Chiatti- Bárbara Navarro

 

Inscripciones: en la sede del CIEC, valor $600 hasta el día 11 de mayo. El día de las Jornadas, valor $650 o dos cuotas de $300 hasta el día 4 de mayo.

 

Consultas: en la sede del CIEC o Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

 

 


 

 

Departamento de Psicoanálisis y Cuerpo

 

Este departamento del CIEC ha sido creado en el año 2001, desprendido de un grupo de investigación iniciado a los fines de investigar sobre esta articulación. Cuenta con actividades tanto en relación a las enseñanzas, como a la clínica y la investigación.

 

• ENSEÑANZAS: Un curso anual, epistémico, gira en relación a temas de interés para el psicoanálisis, habiendo iniciado con uno introductorio para ir complejizándolo en el transcurso del tiempo.
• CLÍNICA: Un espacio clínico con la modalidad de la conversación de casos orientados por un tema central cada año, presentados por los miembros responsables del departamento.
• INVESTIGACIÓN: Existe un espacio de admisión de investigaciones donde se orienta acerca de su conformación en grupos de trabajo, se siguen las que están en curso y se compila el material para futuras publicaciones.
• PUBLICACIONES: Revista del departamento "Enigmas del cuerpo". Es la segunda publicación de este departamento, contando ya con una primera, "Los inclasificables del cuerpo", desprendida de las Primeras Jornadas realizadas por el departamento en el año 2007.

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Coordinadora General:

Ana Simonetti

Responsables del Departamento: Graciela Martínez, Bibiana Ortolani, Roxana Chiatti, Álvaro Stella, Jorge Agüero, Estela Carrera, Barbara Navarro, Noemi Velez y Luciana Rolando

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